Caminos de ayer en Puerto Peñasco

Reconociendo el espíritu  que llevo a la gente que pobló Punta Peñasco a retomar esa capacidad del ser humano, que lo hizo aferrarse a un lugar inhóspito, en donde pasaban tantas penurias  y que solo se acierta el entender que los impulsaba la atracción que ejercía sus bellezas. Todo ese cumulo de experiencias seguramente permeaban notablemente en su animo; No hay duda que por eso les resulto menos penoso el transito de los anos. Hablamos de sus primeros asentamientos, enseguida de sus calles y avenidas simetrizadas, pero que los hacia sentirse orgullosos porque batallaron para formarlas, así que: ¿Cuantas anécdotas se entretejieron en estos tiempos tan difíciles? ¿Cuántas historias que contar? Sin lugar a dudas que serán muchas, pero lo que aquí es importante comentar que nuestras referencias de hoy solo se suscribe a una determinada época de la vida de las calles, es de pensarse, que muchas familias habrán pasado por esas casas y en esta narración pasen desapercibidas. Pero que se recuerde el adagio de que: “El juicio de la verdad y la norma para discernir no pertenecen a los sentidos, sino al espíritu” por lo que tanto no son verdaderos los juicios de los sentidos. Lo que si s verdadero, es el otro juicio que anuncia que; “La historia se hizo para relatarla y  no para probarla”.
La historia de una calle que formo, y forma parte de la vida de Puerto Peñasco, es la calle 16 de Septiembre, que algunos conocían como la “Calle del Amor”, por la gran cantidad de chamacos nacidos en ese barrio, que jugaban y transitaban por esa popular avenida situada en la zona vieja del Puerto, lugar del primer asentamiento que dio vida a esta comunidad. Con esto se pretende impactar un retrato de esa especie de barrio en común tal y como estaba poquito antes de 1950 y tal vez poco después.
LA CALLE 16 DE SEPTIEMBRE
A quien le recuerden sus anos por este lugar, que para ellos represento un jirón de tierra Peñascosa y arenosa a la vez; pero que seguramente forma parte de sus vivencias, no sientan un poco de añoranza, melancolía y tal vez hasta tristeza por recordar los tiempos idos y gratulares, porque los vivieron con sus padres, hermanos y vecinos; pues es la perspectiva donde se perpetua todo y donde se acerca. En el retrato mental se configura todo el parama, con la posibilidad de fragmentarlo:
Si nos posicionamos pegados al cerro, y camináramos de Sur a Norte, encontraremos que por la acera izquierda estaríamos ante la casa de Manuel L. Ochoa, el “zapatero”; enseguida estaba la casa de Abelardo Pino, el “Quemal” pescador que es, en esta época un historial viviente; luego seguían las casas de Julieta Montijo y el Chapo Rivera; José Cabrera, los cuartos de Eugenio Barahona Miranda, el “Tin Tan”, Jesús Topete, contigua a la de Linda Salcido, y remataba la cuadra con la casa de don Cándido y Chita Ortega.
Después el hogar de doña Fina Rivas y así muchas otras familias, pero también mencionaremos negocios e esta rúa, como la boica “Seno de los Rayos”, contiguo a esta está la casa y panadería de los Cornejo, después de 4 casas se encontraba una oficina donde estuvo Hacienda. Remataba en el callejón Zaragoza, con la panadería del “Patitas Puercas”. Pasando el callejón nos encontramos con la tortillería Miltre, pegado a esta, una cantina-billar y para rematar con la calle Alcantar aparece en la esquina una frutería.
EL CALLEJON DE LA CHINESCA
Aunque la 16 de Septiembre, empezaba y terminaba en la Alcantar, esta tenia continuación en el famoso callejón de la “Chinesca” por este si se seguía en el mismo orden, o sea su ala izquierda, por decir ahora es la espalda de la casa de los Piquero; entonces nos encontrábamos con el Restaurante del “Hostias”, luego estaban los cuartos de renta de Emilio Hernández; enseguida estaba el hogar de Julián Guerrero, luego la numerosa familia de don Narciso Quevedo, enseguida los Pérez Burrola y remataba con la zapatería “CANADA” de dona Eva Santana.
LOS TIEMPOS PASADOS, ¿SIEMPRE FUERON MEJORES?
Tiempos de añoranza, de una pesca abundante y con mucho valor. La gente de esos tiempos vivía en un medio que por nada del mundo abandonaron. Las incomodidades eran compensadas por la belleza y riqueza de su mar. Así aprendieron a tenerle amor al terruño, pues como les costo trabajo la adaptación así la valoraban.
Enquistados a la tierra como el viento a la rama, como el sudor a la piel y como la vista al ojo. Muchas anécdotas fueron creadas, hoy se cuentan como el testimonio de un pedazo de vida que ya no vendrá. Nostalgia pura, que la velada película del baúl de los recuerdos nos la presentan como trociscos ambientales que dieron eso precisamente…!Vida!…
Como muestra basta un botón; Don Simón Morua y dona Lucero Johnson- padres del que fuera gobernador del estado don Mario Morua Johnson fundaron la tierra “Morua”, ahí por la subida de la Al cantar. Antes de ella estaban el famosísimo “La Cita Café” local que fue de don Polo Burruel, pero regenteado por Licha y Pancho Araiza, además de una tienda de regalos propiedad de Tonita Sinohui.
Cierto día dos muchachos traviesos llevaron a cabo un “desliz de inocencia” pues ¿quien en sus doradas épocas no hurto naranjas de la huerta de don fulano, dulces de la tienda de don zutano, o meterse de trampa al circo perengano. Como sea, pero los chavales llegan a venderle a don Simón una totoaba que habían conseguido por el muelle. El dueño del Tendejón lo paga y les indica: “dejar ahí, en caja grande”. El chaval hacia como que la dejaba, pero se la pasaba a su compañero que en un tiempo perentorio se presentaba a vender otra vez la misma totoaba. Recibía la misma orden, pero la totoaba seguía de frente. A las tres vueltas de cada uno, don Simón protesto: “ya no comprar, ya tengo seis”, ¿Qué hacer con tantas?…pero la verdad es que en la caja no tenia ninguna. Chispazos de vida y como dijo el sabio: no es que la vida sea breve somos nosotros que la hacemos tal.

Rocky Point Magazine

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